Un viaje transformador hacia la psicopedagogía.

Mi paso por el centro Subride ha marcado un hito significativo en mi formación como psicopedagoga. Desde el inicio de mis prácticas, me sentí inmersa en un ambiente que fomentó el aprendizaje, la reflexión y el crecimiento profesional y personal. Este recorrido ha sido una mezcla de experiencias que no solo me han permitido aplicar los conocimientos adquiridos durante mi formación académica, sino también enfrentado a desafíos reales que han enriquecido mi comprensión del trabajo psicopedagógico y el impacto de la intervención educativa.

Cuando comencé mi jornada en el centro, me encontraba con una mezcla de emociones. Por un lado, el desconcierto de enfrentarme a lo desconocido, y por otro, la emoción de poner en práctica mis aprendizajes en un entorno real. Subride me ha ofrecido la oportunidad de observar y participar en un trabajo multidisciplinar, lo que me ha permitido ampliar mis perspectivas sobre la intervención psicopedagógica.

Desde el principio, pude sumergirme en un proceso de observación que me permitió conocer las dinámicas del centro y los diferentes servicios que se ofrecen, como la psicología, la logopedia y la terapia ocupacional. Este enfoque multidisciplinario me permitió entender la importancia del trabajo en equipo y cómo diferentes profesionales aportan a la creación de estrategias más completas para el bienestar de los estudiantes. En mi caso, pude ser testigo del poder de la colaboración entre profesionales de diferentes áreas, un principio que reforzó mi visión de la psicopedagogía como un campo que exige una visión holística del desarrollo del alumnado.

El centro atiende a una diversidad de estudiantes con diferentes necesidades, desde dificultades en el aprendizaje hasta necesidades de socialización y apoyo emocional. Esto me permitió comprender la riqueza de la psicopedagogía como herramienta inclusiva, ya que cada alumno/a requiere un enfoque personalizado que atienda sus necesidades específicas. A lo largo de mis prácticas, pude identificar varias áreas en las que los estudiantes presentaban retos significativos, como en la estimulación del lenguaje y la comunicación, aspectos fundamentales para su desarrollo integral.

Una de las grandes lecciones de este período fue aprender que la psicopedagogía implica más que aplicar técnicas: se trata de crear un espacio de empatía y confianza. La relación cercana con los alumnos es clave para que puedan compartir sus necesidades y avanzar en su desarrollo académico y personal. Este enfoque inclusivo me permitió diseñar intervenciones que no solo atendieran lo cognitivo, sino también las necesidades emocionales y sociales de los estudiantes.

Focalicé mi intervención en el área del lenguaje, al identificar que muchas de las barreras en el aprendizaje de los alumnos provenían de la falta de estimulación en esta área. Con el apoyo de mi tutora, estructuramos un plan centrado en la lectura globalizada y la conciencia fonológica, elementos claves para el desarrollo de habilidades de lectoescritura. Utilizamos la metodología de Terapia de Estimulación del Lenguaje (TSL), un enfoque accesible e inclusivo que permitió a cada estudiante avanzar a su ritmo en el proceso de alfabetización. A través de estas sesiones, pude observar cómo la intervención psicopedagógica no solo favoreció el desarrollo cognitivo, sino también promovió la autoconfianza y el bienestar emocional de los estudiantes.

Mi experiencia en Subride me permitió valorar la importancia del trabajo en red entre el centro, la escuela y la familia, esencial para el éxito de cualquier intervención psicopedagógica. La colaboración constante entre estos tres actores crea un entorno de apoyo continuo para el estudiante. Además, tuve la oportunidad de explorar metodologías activas adaptadas a las necesidades del alumnado, promoviendo un aprendizaje significativo. Este período de prácticas ha sido un viaje de autodescubrimiento y profesionalización, donde aprendí que la psicopedagogía va más allá de la intervención en el aula, involucrando las dimensiones emocionales, sociales y cognitivas del estudiante. Me siento más preparada para enfrentar los retos del día a día, con una visión más amplia sobre la diversidad y la inclusión en el proceso educativo.

Desde el primer día, Subride me brindó la oportunidad de aplicar mis conocimientos teóricos y experimentar el poder de la psicopedagogía en un contexto real, trabajando con estudiantes cuyas historias personales me han dejado huella. El centro ha sido un espacio donde aprendizaje, empatía y compromiso se fusionan, reflejando mi visión de la psicopedagogía. A nivel personal, el contacto con profesionales comprometidos y la interacción con los estudiantes me ha permitido crecer tanto profesional como emocionalmente, reafirmando mi vocación. Esta experiencia ha reforzado mi compromiso con la inclusión y la diversidad, consolidando mi visión de un mundo educativo donde todos los estudiantes, independientemente de sus dificultades, tengan la oportunidad de desarrollarse de manera integral. Como señala García & López (2020), “La inclusión y la diversidad son fundamentales para promover un entorno de aprendizaje equitativo”. Este aprendizaje continuo me permitirá seguir avanzando en mi carrera, conectando a los estudiantes con su verdadero potencial.

  • García, M., & López, E. (2020). La inclusión y la diversidad en el entorno educativo. Editorial ABC.

Dejar un comentario